¿Por Qué Rayos es que Peleamos Tanto?

La religión Budista establece básicamente como pensamiento central, que la razón por la cual las personas se sienten infelices es porque se envuelven en desear cosas que no pueden obtener. Como resultado de no poder obtener estas cosas nos sentimos tristes, enojados, desilusionados y muchas otras emociones negativas. Los budistas entonces concluyen que la base de la felicidad es el llegar a un punto en donde no deseamos tener nada; de esta forma, no damos abertura a estas emociones tan negativas. Este pensamiento no es del todo mentira; mas su autoridad no está en la religión budista, mas en la Palabra de Dios. Lamentablemente vivimos en unos tiempos en donde el Evangelio contemporáneo enfatiza demasiado en la prosperidad material como evidencia de nuestra buena relación con Dios. Si tienes eres bendecido y Dios te ama; si no tienes, Dios no está contigo; por lo que el énfasis de nuestra cristiandad se concentra en  lo que deseas y recibes y no  en el que te ha regalado el aire que respiras. Santiago 4:1-4 nos dice:

“¿De  dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y gerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”

 

Estos versos nos dan la base de todos los conflictos. Desde la pelea de barrio entre dos jóvenes entrándose a golpes hasta la razón por las guerras mundiales; todo se encierra en una realidad: “Alguien no tiene lo que desea; alguien no está conforme con lo que tiene.” Cuando deseamos algo y no lo podemos obtener ardemos en envidia y llegamos al punto hasta de cometer asesinato por eso que tanto deseamos. Los Cristianos, quienes también son seres humanos, si no tenemos cuidado también deseamos cosas y vamos en oración a Dios para pedirlo, mas no lo recibimos porque “pedimos mal”. En otras palabras: pedimos “para gastar en nuestros deleites.” Esto significa que eso que tanto deseamos se ha convertido en un ídolo. Un ídolo es todo aquello que toma el lugar de Dios en nuestros corazones.

Cuando nos dejamos llevar por nuestras emociones y ardemos en furia por no tener algo que deseamos nos convertimos en “adúlteros” ya que nos hemos conformado al mundo y deseamos lo que el mundo ofrece más que a Dios. ¿Quieres saber cuánto amas a Dios? Hay una forma sencilla de probarlo; evalúa lo que deseas y no has recibido y como esa realidad ha afectado tu relación con Dios.

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