Dios no ha Terminado Su Obra Contigo

            Como las hojas caen de los árboles insignificantemente ya secas, usadas y luego son pisoteadas por el mundo, así se siente mi alma en este día. La tristeza se apodera de mí ser, mi corazón experimenta gran quebranto. ¿Hasta cuándo durará esta batalla? ¿Hasta cuándo tendré que convivir con este dolor? Mi rostro sonríe; todos creen que todo anda bien; mas como golpes constantes al cuerpo del boxeador, como las olas fuertes contras la roca, así voy decayendo cada día. Las tormentas han venido a la residencia de mi mente; las más dolorosas son las que yo he causado con mi estupidez, irresponsabilidad y por darle la espalda a la sabiduría. ¡Ayúdame mi Dios! Tú que eres mi redentor, mi castillo y mi fortaleza. ¡Sin Ti ya no puedo más! Sin Ti mis piernas ya pierden su fuerza para caminar por el sendero de los sueños y la esperanza. Mi caminar se vuelve lento como el caminar en la arena desértica de los que van perdiendo sus vidas.

            El calor del día derrite mi valentía y mata mi anhelo. El frío de la noche me aterroriza y reta las pocas gotas de fe que me queda.   El frío ha abandonado el invierno del norte, los veranos han perdido su calor; las hojas de otoño rehúsan cambiar de colores y las flores no llegaron a adornar la primavera. La luna ha abandonado mis noches y el sol ya no alumbra en mis días. El vino de la copa que se me ha dado a tomar es amargo como la amargura de los rebeldes. Como una avalancha que viene hacia mí, veo mis días ya contados. Como un tenebroso tsunami veo la destrucción de mi futuro. Oh Jehová, ¿Dónde estás? ¿Valdrá todo esto la pena? ¿Contará mi vida para algo? El dolor comprime mi corazón; ya contemplo la bandera blanca.

            ¿Cómo salir de la obscuridad de estos momentos? Tú que lees estas palabras  sabes el peso que se siente ante  tanta tristeza y cansancio. Mas luego miro la cruz del que salvó mi alma y veo el corazón del Padre mientras la fuerza del Espíritu Santo me levanta del fango de mi lamento. Dios no se ha rendido; Dios no ha terminado su obra conmigo. Hoy, querido hermano y hermana, quizás te encuentres en un desierto de dolor en donde las únicas aguas son tus propias lágrimas, mas como Dios me ha dicho a mí en este día, declaro estas palabras sobre tu vida: “Dios no ha terminado Su obra contigo.” Toma hoy del manantial de las palabras de vida que son derramadas del trono de Dios y abre tu corazón…Dios no ha terminado Su obra contigo.

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