El Secreto de una Verdadera Vida en Cristo

“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?

Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y gerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.”

(Santiago 4:1-3)

            Lamentablemente vivimos en unos tiempos en donde el Evangelio contemporáneo enfatiza demasiado en la prosperidad material como evidencia de nuestra buena relación con Dios. Si tienes eres bendecido y Dios te ama. Si no tienes, Dios no está contigo o estás en pecado. Estas guerras y pleitos son productos de nuestras concupiscencias o codicias. Esta codicia nos lleva a guerras, pleitos, envidias y aún hasta el punto del asesinato. Esto sucede cuando nuestros deseos están basados principalmente en satisfacer nuestros deleites y no en agradar a Dios y ser de bendición para su pueblo. ¿Es acaso malo el ser bendecido y vivir una vida de bendición? Absolutamente no; mas cuando demandamos el ser bendecidos y lo vemos como un derecho, especialmente cuando demandamos estas cosas de otros, pecamos y le damos la espalda  a la verdad.

“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23)

 

Merecemos, como pecadores que somos, la muerte; mas la dádiva de Dios nos provee de vida eterna en Cristo Jesús. Es todo un regalo de Dios que ninguno de nosotros merece. Esta mentalidad nos reserva el sentirnos ofendidos, nos ayuda a no juzgar a nuestros hermanos cuando son sorprendidos en pecado y nos liberta para vivir una vida enfatizada en confiar en Dios en todas las circunstancias. Mateo 16:25 lo explica con claridad:

“…porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”

Cuando el énfasis es en satisfacer el “Yo” estamos condenados a perder nuestras vidas; en otras palabras, el resultado es perdida. Mas cuando el énfasis es en confiar en Dios, amarlos a Él, complacerlo a Él y el ser de bendición para otros, el resultado es vida eterna en Cristo. Hermanos, el énfasis no es en el perder, mas en lo que se gana en Cristo cuando las apariencias indican que estamos perdiendo.

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