Mi Comienzo al Final del Camino

Hoy quiero hablarte de un lugar en el cual tus habilidades son, justificadamente, razón de burla. Un lugar en donde los ríos han perdido sus aguas. Un lugar en donde las costas del mundo se encuentran ya secas. Un lugar en donde los océanos retornan a los cielos. Es un lugar en donde el cantante  ha perdido la canción que un día animó su alma. Un lugar en donde parece ser que los argumentos en tu contra no terminan. Un lugar en donde las consecuencias de tus malas decisiones finalmente te han alcanzado. Un lugar en donde la vergüenza, forzosamente, toma posesión de tu mente. Es en este lugar en donde Dios parece estar tan distante; el lugar en donde los insultos de tu pecado oprimen tu conciencia. Es en este lugar en el cual te encuentras atrapado en un laberinto sin salida. ¡Tus amigos ya se han marchado! Ellos dicen que “no” con sus cabezas cuando tu nombre es mencionado en tu ausencia.

            ¿Quién levantará tu rostro? ¿Quién construirá un nuevo camino de sueños y propósito en tu vida? ¿Quién callará la boca de tus enemigos? ¿Quién restaurará tu alma y te llenará del gozo del cual un día disfrutaste? ¿Quién te sacará de tu miseria? ¿Quién borrará tus lágrimas? Sólo existe Uno que puede hacer todas estas cosas; el que mi alma anhela, mi gran guerrero,  mi pronto auxilio y el que me ama incalculable veces más que mi propia madre.

            Rápidamente nos damos cuenta que no hay otro lugar a donde ir. El mundo felizmente anuncia tu final. !Estás terminado! Con gozo vociferan. Mas cuando ya se te acababa el aire y el respirar se te hace casi imposible, cuando toda fibra de fe te abandona y no encuentras de que agarrarte para mantenerte de pie, es entonces en ese lugar en donde levantas tu voz con un fuerte grito clamando: ¡Perdóname Dios mío, perdóname… Ayúdame! De repente, el trueno del amor del Padre por ti hace temblar la fundación misma de la tierra y todo razonamiento humano queda en silencio. ¿Lo escuchas corriendo? ¡Sí, es el Señor! Viene como un gran soldado en el medio de la noche para rescatarte. Presta atención, escucha el dulce sonido de sus misericordias. El hombre fuerte tiembla ante la fragancia de su gracia y de su salvación.

            En mi quebrantamiento Tú me sanas y en mi debilidad Tú eres fuerte. Desde la presencia de mi Dios me pongo de pie y levanto mis manos ante el que es digno de toda alabanza. Como un padre carga a sus hijos en sus brazos y como una madre los abraza en las noches largas, así es tu bendición sobre mi vida. Me escondes bajo la ternura de la sombra de tus alas. Sé que el triunfo es mi destino; hoy estoy muy seguro, porque es mi comienzo al final del camino.

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