El Clamor de un Puertorriqueño en la Distancia

Puerto Rico, Dile que no a la mediocridad y a la violencia. Es tiempo de mirar para arriba; para los montes, de donde viene tu salvación y traer a ese Dios tan grande al centro de tu corazón. Puerto Rico, la sangre de tus hermanos acecinados por tus propias manos en las calles de la Isla del encanto, clama justicia a los oídos de Dios. Puerto Rico, entrégale tu ira a Dios y camina en la paz que sobrepasa todo entendimiento. Puerto Rico, dile que no a la mentira de las drogas que seducen a nuestra juventud y destruyen nuestra generación futura, con una alegría pasajera y con la pesadilla de las cadenas de una adicción segura que te separa del mundo, que te separa de ti y te lleva al dolor de tus seres queridos en tu propio velorio. Puerto Rico, tu esperanza no está en el PNP, ni en los populares, ni en los pipiolos; todos se olvidan de ti cuando se visten del poder del hombre. Tu esperanza está en Cristo, El que te ama como nadie nunca te podrá amar, el Alfa, el Omega, el Principio y el fin, El Rey de reyes y Señor de señores, El que es Fiel, Verdadero y el que dio su vida por ti. Puerto Rico,  en los ojos de Dios se ven las lágrimas de su dolor por ti. Aún la naturaleza gime por la manifestación del potencial tan grande que tienes. Puerto Rico, ¡Cristo te ama! Regresa a los tiempos en donde tus oídos estaban inclinados a la voz del Padre y obstruye el paso de las mentiras de la mentalidad de “ganga”, de los que tienen guille de ganstercitos de barrio y caserío, de disparos y de vulgaridad en las calles. Puerto Rico, la muerte duele cuando nos arranca a nuestros hijos, a nuestros padres, nuestros sobrinos, nuestros niños, nuestros vecinos y nuestros amigos. Puerto Rico, amémonos los unos a los otros, como en un tiempo lo hicimos; tiempos en donde en los hogares que comían cinco, había alimento para diez. Puerto Rico,  ¿a dónde se fue el pedido de “La bendición”? ¿A donde se fue el “Dios te bendiga”? ¿A dónde se fue el respeto del Don y el honor de la Doña? Puerto Rico, abre tus ojos. Juventud, muestra tu fortaleza; trae tu reggaetón, trae tu energía, trae tu pasión, trae tu inteligencia, tu inspiración y aún tu dolor, oh juventud que me escucha y declárale guerra al diablo. Dios te hará justicia Puerto Rico, por la humillación del Indio Taino, por la esclavitud inhumana en contra del africano y por la arrogancia del español, Dios te hará justicia. Yo voy a ti Puerto Rico; tierra de campeones mundiales, de los soldados más valientes, en donde hasta las piedras cantan, en donde el coquí no se rinde con su canto, en donde las montañas y el mar adornan nuestras costas. Tierra de poetas, de lindos palmares, preciosas playas y de incomparables seres humanos. Ámate a ti mismo Puerto Rico y manifiesta tu amor respetando la vida. Busca de Dios, edúcate y verás como los puertos de nuestras almas serán ricos otra vez; no como nuestros ríos en el pasado con el oro que nos robaron; pero con una riqueza que no podrá ser nunca arrebatada de nosotros. Te amo Puerto Rico, aún en la distancia… ¡En el nombre de Jesús! Este el clamor de un puertorriqueño en la distancia. ¡Amén!

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